martes, 10 de agosto de 2010

Memo


A: Todos los niños (incluso a los que simulan ser adultos).
DE: Un niño que se niega a crecer
ASUNTO: Invitación a jugar
FECHA: 16 de agosto

¡Dale compi…! ¡Vengan si que todos…! Vamos a arremangarnos la ropa y a hincarnos en la arena, a ver quién tiene más pulso con la balita joyo, o quien hace más tantos con la tikichuela.
¡Vengan…! Vamos a dibujar con un palito el mapa del paraíso y del infierno sobre la tierra dura, a ver quien llega primero… pise pisado con un solo pie. ¡No chamigo, eso es demasiado kaigue, mejor jugamos a la pelota muerta! Naombré, vos sos demadiado kuña’i, te pichás y llevás tu pelota. ¡Así no da gusto!
¡Vengan si que…! Vamos a jugar al tuka’e. Los nenes con las nenas. Mimicha se queda en el tambo, pero no vale esconderse de a dos y aprovechar para otra cosa, porque si no el juego no se termina nunca, y la tía Roberta ya nos está esperando para ir a merendar.
Vengan… No se hagan los kulí, no sean je japó. Sáquense por un rato la corbata y el traje gris, arremánguense bien esa blusa fashion, apaguen su celular y su notebook. Dejen que el aire se inunde de risas infantiles, que suban y vuelen alto como las pandorgas hecha de papel de seda y kapi’i pororó, bailando libres bajo el Sol.
Dejen que el mundo y la vida vuelvan a ser otra vez niños o niñas, aunque sea por un fugaz instante. Quizás redescubramos entonces que la alegría sabe a helado de chocolate, a correr descalzos por el barro, a robarle un beso a la vecinita de trenzas, a invertir el vuelto del almacén en tráfico de caramelos, a saber que éramos tan felices al punto de entonces ignorarlo.

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